Hay un lugar común que es fatal como la flecha: cada vez que se dice que alguien “no necesita presentación” debido a su popularidad, de inmediato sobreviene una extensa, minuciosa, innecesaria y a menudo soporífera presentación.

No seremos nosotros quienes esquivemos semejante fatalidad, pero al menos intentaremos no ser demasiado farragosos: baste decir que Diego Capusotto (Buenos Aires, 1961) ha sabido arrancar carcajadas y reflexiones en ambas orillas del Río de la Plata; fenómeno que en la margen oriental se produjo de forma harto singular: en el arranque del siglo XXI, cuando las redes sociales todavía no nos enredaban, Capusotto se hizo popular en nuestro país antes de que sus creaciones más célebres fueran emitidas por canales de TV que se vieran aquí.

Era la época de comienzo del programa Peter Capusotto y sus videos, y personajes como Juan Carlos Pelotudo, Pomelo, Latino Solanas o Luis Almirante Brown, surgidos del magín de Capusotto y su compañero de andanzas, Pedro Saborido, circulaban en pendrives y discos compactos. Junto con ellos se difundían también creaciones anteriores, correspondientes al programa Todo por dos pesos (1999-2002), como El hombre bobo o Irma Jusid.

El humor de Capusotto y Saborido alcanzaría la cumbre a partir de 2007, de la mano de personajes recurrentes como Miki Vainilla, Violencia Rivas, y también con episodios o “microseries” que arraigaron con fuerza en más de una generación. Buen ejemplo de ello son los inolvidables Pizzería Los Hijos de PutaConsumo o Almas sensibles. La vida de un emo. Todo ello sin olvidar sus “hijos uruguayos”, como el agente secreto James Bo, o el cantautor Jaime Ros Stewart.

Peter Capusotto y sus videos tuvo su última temporada en el año 2016. Para entonces, las redes sociales ya formaban parte de nuestras vidas y la fecunda imaginación de Capusotto —quien, paradójicamente, no utiliza dichas redes— campaba a sus anchas en todas y cada una de ellas. Eso permitió que su humor, lúcido y absurdo a la vez, alcanzara nuevos niveles de popularidad, aunque ello implicara pasar por el tamiz de fragmentación que implica la viralidad.

En los últimos años, Capusotto “bajó un cambio” en comparación con su anterior frenesí creativo. “No estoy haciendo nada”, confiesa en diálogo telefónico con LatidoBEAT, aunque en realidad esa afirmación no es del todo cierta.

Entre 2022 y 2023, el comediante ha estado de gira con un original e inclasificable producto teatral, en el que el humor “marca Capusotto” se da la mano con una colección de anécdotas de su vida personal.

Se trata de El lado C, una charla abierta con la periodista Nancy Giampaolo en la que se revela una suerte de “Capusotto íntimo”, sus personajes y entretelones. El espectáculo combina material audiovisual sobre el que el actor brinda en vivo detalles desconocidos, con pasajes de su biografía y un posterior diálogo con el público.

“Uno en general no se cuenta a sí mismo todo el tiempo, cuenta a la gente que lo rodeó, que lo acompañó o apareció a la largo de su vida, y que suele ser más interesante que uno.”

Luego de realizar tres fechas a sala llena en abril pasado, El lado C vuelve a Uruguay con tres nuevas funciones. La primera será el 18 de octubre en el Teatro Cantegril de Punta del Este, y las dos restantes tendrán lugar los días 19 y 20 de octubre en el Teatro El Galpón de Montevideo

A pedido

El lado C no es un “crimen premeditado” de Capusotto. Por el contrario, es un producto que nació por encargo, quizá debido al relativo ostracismo en el que el artista se había instalado.

“Surgió de una gente de Santa Fe para que yo fuera junto a Nancy Giampaolo, una periodista a la que conozco desde hace años, a hacer una especie de charla pública, de reportaje abierto”, algo que de inmediato devino en otra cosa.

“Después, cuando intervenía la gente con preguntas, se empezaba a complicar”, recuerda con humor Capusotto. Así las cosas, ese reportaje abierto “terminó siendo un pequeño espectáculo de una charla, en un ámbito teatral, donde resulta más interesante tenerla que en un estudio de televisión”, refiere.

“Todo está contado con mucho humor, y el escenario me permite ese reencuentro con la gente y hacerlo un poco a mí manera. Con algunos videos referentes a programas en los que yo participé, a personajes que he hecho y que son reconocidos por la gente”, describe.

Con esos ingredientes, y con la cercanía que da el teatro, “se logra una especie de comunión, en el buen sentido”, dado que “esa gente que se acerca evidentemente tiene una corriente de simpatía con uno, porque sabe que no va a ver personajes”.

Por ello, subraya que el show “es un hecho teatral porque sucede en ese ámbito, pero no es una obra con personajes o con un concepto. Hay ahí como una presencia entre los dos, junto a Nancy, que hace que esta charla pueda ser interesante de escuchar y de compartir, por lo menos para la gente que desde un principio sabe que viene a ver a alguien con quien tiene ya una afinidad, un cariño”.

Yo soy mucha gente

Si bien la obra posee una fuerte impronta autobiográfica, en ella Capusotto no se lanza a referir vida y hazañas, ni se dedica —vicio harto común— a contar las batallas ganadas y los hechos en lo que fue airoso protagonista.

“Tomé la decisión de no estar en redes, porque andar informando el día a día, qué comí, es algo que no me interesa mucho, no tengo esa necesidad.”

“Hay una serie de anécdotas que tienen que ver con mi vida, desde la infancia hasta ahora. Y uno en general no se cuenta a sí mismo todo el tiempo, cuenta a la gente que lo rodeó, que lo acompañó o apareció a la largo de su vida, y que suele ser más interesante que uno. A mí me conocen más por vía profesional, actoral, artística o como lo quieran llamar. No estoy todo el tiempo participando en los medios, no tengo redes ni me estoy comunicando con la gente todo el tiempo, y no lo hago por estrategia, sino que es una decisión. Pero eso también hace que la gente tenga intención de verte si estás en algún lugar”, considera.

Una zapada organizada

Por su carácter de diálogo ante el público y con el público, El lado C no se ciñe al rigor de un libreto, pero tampoco queda librado a la total improvisación.

“Por lo general hay una línea que se sigue, que es más bien cronológica. Muchas veces yo no cuento de la misma manera lo mismo, porque al contar me aparece algún recuerdo y lo incorporo, entonces eso que hace que algo que hace dos meses lo contaba de una manera, lo cuente de otra”, explica.

Además, durante el desarrollo de la obra, a veces “aparecen otras anécdotas, porque en la medida que uno se va contando empiezan a surgir cosas que uno a lo mejor tenía olvidadas, y que cuando aparecen resultan interesantes, se imponen. Es como si dijeran: ‘Mirá de lo que te estás olvidando’, eso pasa siempre”, asegura.

“Yo cuento cosas que son ciertas, pero aprovecho para hacerlo de una manera que me permite salir de Diego Capusotto. Por eso digo que ese ámbito es más interesante que el de un estudio de grabación, donde parecería que se exige que uno hable de manera seria acerca de su vida. En el estudio se puede incorporar algo de humor, y de hecho están esperando que hagas eso, pero hay siempre una rigidez que hace que uno hable de determinada manera, con cierta temperatura”, indica.

Esa indeseable rigidez queda fuera de la sala de teatro, y el intercambio con el público se produce de un modo diferente.

“La cultura de la cancelación parecería que corresponde siempre a los sectores más reaccionarios. Lo que pasa es que cuando se corre hacia la izquierda, se convierte en un problema.”

“Acá, como se suele decir, a veces me voy un poquito al carajo, y a lo mejor empiezo a hacer un personaje que está contando algo que me pasó de verdad”, ejemplifica.

“Estas charlas alguna vez yo las hice con Pedro [Saborido], pero más en referencia a la producción del programa [Peter Capusotto y sus videos], algo más específico. Ahora bien, contarme a mí, es decir la infancia, los padres, los amigos, los juegos, esas cosas, lo hice en estudios de TV, como te decía antes, pero no en este ámbito, que me permite tener mayor libertad de expresión, de contar, hacer una especie de monólogo en el que uno pueda convertirse ahí mismo, mientras cuenta una anécdota, en ese personaje que uno está contando”, expresa, e insiste en las libertades que le brinda ese formato “mínimo” y de cercanía.

“Me permite actuar más, salirme del narrador para irme a lo mejor a un disparate, pero que siempre tiene que ver con lo que uno está contando”, porque “muchas de esas cosas son las anécdotas que uno tiene con personajes que ha ido encontrando a largo de su vida, y que son realmente muy pintorescos. En definitiva, los personajes que uno hace también son tomados muchas veces de esas personas reales que conoció y que también están contadas en esas anécdotas”.

En vista del éxito obtenido

El lado C, cuenta el humorista, nació como algo efímero y territorialmente muy acotado. Sin embargo, se escapó felizmente de las manos de sus organizadores. Así, lo que debía limitarse a un puñado de presentaciones dentro de la provincia de Santa Fe, se prolongó durante dos años y circuló por buena parte de Argentina y también por Uruguay.

“Cada encuentro es gratificante, porque la gente se acerca y, como decíamos antes, no estoy haciendo nada. Si estuviera haciendo algo, probablemente vendría igual y esperaría que hiciera personajes. Pero como te decía recién, no estoy en los medios, y tomé la decisión de no estar en redes, porque andar informando el día a día, qué comí, es algo que no me interesa mucho, no tengo esa necesidad”, remarca. Así las cosas, esa ausencia hace que los numerosos fans de Capusotto agoten las localidades de la obra. “Aprovechan para saber dónde voy a estar y venir”, resume.

“Con eso no se jode”

En tiempos de cancelación, de corrección política, y en los que hay quienes procuran establecer “los límites del humor”, hacer comedia puede asemejarse a caminar por un campo minado. Esto no desvela a Capusotto, quien parece incombustible en medio de las llamas de la Inquisición.

“Por más que estemos más cerca de la izquierda, también la parodiamos: cualquier cosa puede ser parodiada.”

“La cultura de la cancelación parecería que corresponde siempre a los sectores más reaccionarios. Lo que pasa es que cuando se corre hacia la izquierda, esa cancelación se convierte en un problema porque, ¿quién es el que te cancela?”, plantea.

“Si los que te cancelan son los de siempre, bueno, no te importa, porque son tus antagónicos ideológicos. Pero cuando empiezan a aparecer los que, en general, podrían ser de tu palo, no me gusta. Yo creo que el humor siempre fue incorrecto y, sobre todo, no hay que pensar en sus límites. Los límites los pone la propia vida real, así que si en la ficción también los vas a poner, estás en problemas”, entiende.

“Uno está todo el tiempo mediando con la realidad y sabiendo que hay límites que uno no pasa, que uno negocia, que dice cosas para afuera y no dice lo mismo para adentro… Bueno, el humor es todo lo contrario: el humor es eso que uno piensa para adentro y después lo dice. Por eso tiene elementos corrosivos o que incomodan, como la sátira o la burla”, explica.

“Yo entiendo que hay generaciones nuevas que quizá se están cuidando entre sí, pero no es mi caso. Me parece que la realidad es bastante agresiva con nosotros, como para, encima, con un lenguaje que es un poco desmantelador de esa realidad, tengamos que cuidarnos porque andá a saber quiénes están espiando. Fuera con eso”, dice.

Sobre el mismo asunto, no se muestra dispuesto a pasar por el aro de la autocensura que se imponen a menudo artistas y comediantes, con el fin de no ser penalizados por las plataformas de difusión o perder seguidores en redes sociales, situaciones ambas que conllevan perjuicio económico.

“Entonces estás en lo mismo que hacés con la realidad: medio con la realidad, porque si digo esto o aquello voy a tener problema, cuando se supone que en realidad voy a hacer algo que debería ser liberador, como el lenguaje humorístico, que permite que incluso el más malo pueda ser bien recibido”, sostiene, y pone como ejemplo a uno de sus personajes más famosos: un cantante pop nazi que siempre está lleno de nefastas ideas para aplicar sobre las personas pobres.

“La gente ve a Miki Vainilla y se ríe. ¿De qué te estas riendo, hermano, de un nazi? ¿Cuál es la explicación de eso, qué produce el humor? Un punto de fuga, donde la maldad puede ser graciosa, a sabiendas de que lo que se está diciendo es tremendo. El humor o la ficción lo suavizan, el personaje finalmente no parece tan malo como es en realidad. En la ficción, un asesino puede ser gracioso también. Ese es el lenguaje humorístico que deforma, amplifica y pone a la realidad en otro lugar. Si tenemos que andar cuidándonos de eso, además de la realidad, matensé, loco”, se queja.

“A mí hay un humor que no me gusta. Ni en su intención, sus remates, sus formas o cómo está hecho. Lo veo venir de lejos, pero no lo cancelaría. A mí no me gusta y punto, de la misma manera que hay gente a la que no le gusta lo que nosotros hacemos. No les hace gracia o tiene diferencias con nosotros desde lo ideológico. Bueno, listo, a otra cosa”, recomienda.

“Para mí la crisis [actual] tiene que ver con que hace diez años que no hay peronismo.”

“En el programa [Peter Capusotto y sus videos] nos hemos burlado de todo, hemos hecho parodias de la derecha y de la izquierda. Hay algunas falencias que se deshilachan, vengan de izquierda o de derecha, y las exponemos mediante la burla. Por más que estemos más cerca de la izquierda, también la parodiamos: cualquier cosa puede ser parodiada, incluso nuestras propias creencias. No nos reímos de los demás y de nosotros no, cae todo en la volteada”, asevera.

Cuando la realidad supera a la ficción

Parodiar la realidad puede resultar difícil cuando esta se presenta como las más inverosímil de las tragicomedias. Así, la sátira política puede quedarse corta ante la irrupción de candidatos que se comportan como actores que sobreactúan y que afirman dialogar con perros muertos.

Para Capusotto, esto sucede porque “hay una teatralidad en todo”, y asegura que, en materia de política, semejantes absurdos no son cosa nueva.

“Acá [en Argentina] pasa al menos desde hace 30 años. Se instala algo que está corrido con respecto al dirigente que habla de política, porque antes lo dirigentes políticos hablaban de eso. No me quiero explayar en lo político porque es un tema muy complejo. Simplemente digo que antes la dirigencia se dedicaba a hablar de política y establecía un escenario político donde cada uno tenía su posición tomada y se trataba lo macro. Hoy entrás a la política por medio de un personaje, si se quiere”, considera.

“Hoy se busca, a lo mejor como pasa también en las redes, un impacto que dura dos días y es reemplazado por otro impacto que también dura dos días. Hay todo el tiempo una sucesión de imágenes, de hechos, que luego se deshilvanan en dos segundos y medio porque aparece otra cosa: no se instala nada”, agrega.

“En la política, aprovechando una realidad que es acuciante, sí puede instalarse cualquier personaje. Pero de una manera que genere impacto y, además, haga que el ciudadano se sienta identificado, porque ese personaje supuestamente habla como él, no como un dirigente político. Por el contrario, se aleja de lo que sería un dirigente político, que es alguien cuyo lenguaje que mucha gente no lo entiende, o dice que no le interesa porque dice ‘yo no soy un dirigente político, soy un ciudadano común que necesita a fin de mes cobrar la plata que tenga que cobrar y tratar de vivir lo mejor que pueda’, o tratar de vivir bien, que no es lo mismo que vivir lo mejor que se puede, y necesita escuchar a alguien que hable como él. Pero ese que, supuestamente habla como él, no es un ciudadano común: es un dirigente político que no gana como o un ciudadano común, sino mucho más, y seguramente después armará su negocio cuando haga política, como cualquiera. Pero en principio tiene que apoderarse de un personaje, de un histrionismo que le haga tener un contacto más directo con el ciudadano. Eso es lo que está pasando y no es algo de ahora, pero con algunos personajes sí”, se explaya a pesar de su manifiesta intención de no hacerlo.

“Cuando hay una crisis económica muy compleja, alguien puede decir que habla con los perros y eso no molesta.”

“Cuando hay una crisis económica muy compleja, alguien puede decir que habla con los perros y eso no molesta. O quizá a alguno sí y a otros no, pero eso no importa. Lo que prima es que, si estás en medio de una crisis, que es social y política, cualquier cosa puede aparecer. Sobre todo cuando es una crisis que existe, que no es inventada. En la historia pasó siempre”, asevera.

País resiliente

En abril pasado, el expresidente Julio María Sanguinetti expresaba en una entrevista con el periódico La Nación su maravilla por la capacidad de “aguante” del país vecino.

En el reportaje, señalaba una endémica “debilidad institucional" de Argentina, a pesar de la cual el país se las arreglaba para no sucumbir. "Argentina nunca cae como caería cualquier otro país en medio de ese desarreglo institucional”, decía el dirigente. “Nunca termina de caer. Puede parecer un milagro, pero no lo es”, añadía.

Consultado al respecto de los dichos del líder del Partido Colorado, Capusotto plantea ad hoc una hipótesis.

“Qué sé yo, capaz que no sucumbe porque acá existe el peronismo, que media entre las crisis, no te quepa duda de eso. Precisamente, para mí la crisis [actual] tiene que ver con eso, con que hace diez años que no hay peronismo, y el peronismo para mí es un movimiento nacional, popular, pero con justicia social. Si no hay una justicia social, lo nacional y lo popular queda en pura retórica. Hace diez años que no está pasando y también es parte del asunto”, concluye.

Las entradas para el Teatro El Galpón están disponibles en Tickantel.

Para el Teatro Cantegril, las entradas se pueden adquirir en RedTickets.