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Música
Eterna cofradía, precioso souvenir

Con Milongas Extremas: “Cuando algo calza, es fuego en paja seca. Arrasa con todo”.

El quinteto de guitarras se presenta en el ciclo “Volvé a tu casa” de la Sala Zitarrosa, con una serie de cuatro conciertos e invitados.

28.07.2023 15:48

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2023-07-28T15:48:00-03:00
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Por Carlos Dopico
Carlos Dopico

Fundaron el proyecto hace quince años con la intención de compartir un repertorio guitarrero, hasta que se colaron algunas composiciones de Extremoduro. Curiosamente, la legendaria banda de rock española no era una influencia transversal entre los integrantes de grupo. Sin embargo, la respuesta a sus canciones en algunas peñas improvisadas hizo que comenzaran a hurgar en la discografía del grupo de Plasencia, liderado por Robe Iniesta. Tocaron todo lo que pudieron, en bares, boliches, esquinas y plazas. Incluso salieron de gira sin siquiera tener un álbum editado.

“Milongas Extremas es una banda que llega al primer disco siendo una recontra banda de en vivo”, advierte Camilo. “Habíamos tocado mucho. Los arreglos venían de ahí”.

La practicidad de la movilidad era toda una garantía. Eran cuatro músicos y sus guitarras, nada más, sin necesidad de un flete para cargar con equipos, batería o amplificación.

“Hicimos una gira por la costa de Rocha y fuimos en un Subarito [Subaro 600]. [Risas.] Entrábamos todos con los instrumentos y dormíamos en carpa”, apunta Paio para despejar dudas.

La variación en los arreglos y la impronta milonguera fue parte fundamental en el trabajo musical del aquel cuarteto de guitarras (hoy ya conformado como quinteto), tanto que recibieron incluso la bendición del propio Roberto Iniesta, hasta entonces siempre intransigente con quienes quisieron imitarlo. El cruce se dio cuando, luego de años sin salir de fronteras, los españoles emprendieron la gira que por primera vez los trajo a Uruguay. Aquella vez, Milongas Extremas le entregó el disco debut de versiones y Robe les dijo: “¿Este es el de temas de ustedes? Yo quiero el que tiene vuestras canciones”. La mojada de oreja los puso a trabajar y a elaborar su propio repertorio. Aquellas canciones, editadas luego en Temprano (2016), las presentarían dos años más tarde, como banda soporte de Extremoduro en su regreso al Teatro de Verano. Con el correr de los años, la madurez artística y la necesidad de seguir buscando voz propia, comenzaron a trabajar en un nuevo disco y convencieron a Iñaki Antón —guitarrista, fundador y productor de Extremoduro— para que los produjera. Fue así que, en 2019, se instalaron en su casa/estudio en España para dar forma a las nuevas canciones, que un año después, orquestadas de otra forma, fueron publicadas dentro del álbum El mismo cielo.

Los primeros días de agosto, Milongas Extremas presenta en varias funciones su espectáculo El Grito y la Voz, dentro del ciclo “Volvé a tu casa” de la Sala Zitarrosa. La serie de conciertos fue motivo suficiente para viajar una gélida noche de invierno hasta el Buceo, llegar a lo del Piquela —punto de encuentro y lugar de ensayo— y repasar junto con Matías Rodríguez, Paio Piñeyro, Santiago Martínez, Francisco Stareczek y Camilo Piquela Gramoso el recorrido de su carrera.

Nacieron en 2008 con la inquietud de compartir un repertorio guitarrero, no necesariamente tributo a Extremoduro, sino por sobre todo del folclore regional. ¿Cuándo deviene esa idea en “banda tributo” que conocimos en un principio?

Paio: Yo estaba estudiando con un tanguero, Poly Rodríguez, y empecé a compartirle a Gastón Puentes, de los Cuatro Pesos, lo que me enseñaba. Por entonces nos acompañaba también Joaquín Carriquiry, quien fue guitarrista de los Cuatro Pesos en su momento. Fue él quien hizo una maqueta, medio que, jugando, de un tema de Extremoduro. Y enseguida arrancamos con eso. Al final no tocamos casi nada de repertorio folclórico. [Risas.]

Federico: La idea tampoco era hacer versiones del repertorio clásico del folclore.

Paio: Fue como juntarnos a estudiar, compartir. Me acuerdo de que hicimos un tema de Albert Pla y enseguida varios de Extremoduro.

¿El rock español era algo que los atravesara a todos?

Paio: No, para nada.

Federico: No, en mi caso, de hecho, empecé con Extromoduro. Con el Mati y Santiago tocábamos en otra banda, Los Roques, junto con Piquela, y nos conocíamos con Paio de compartir escenario y tirarnos buena onda. Ellos eran más grandes que nosotros y, como banda, estaban también en otro nivel.

Paio: En un principio quisimos invitar a algunos amigos: Diego Rosberg, Julián [Marchante], pero nadie quería hacer versiones de Extremoduro. [Risas.] Pero nosotros lo teníamos clarísimo e invitamos al Mati y al negro Santiago a sumarse.

Federico: Estaba bueno, porque en ese momento que éramos mucho más chicos era un buen lugar para aprender. Esto no requería flete, era ir con la guitarra y ensayar temas de Extremoduro. De hecho, unos pocos sabían tocar la guitarra. Yo no sabía. Era un lugar donde todos nos pasábamos los piques; era como un taller.

Entonces, ¿Extremoduro tampoco fue un gusto transversal?

Federico: Se estableció. Creo que ninguno curtía mucho esa música.

Camilo: Bueno, yo sí, y con el Negro [Santiago] nos pasábamos un poco esa música. Lo que pasa es que cuando uno trae algo y calza en la rosca, es fuego en paja seca, va y arrasa con todo. Suceden miles de cosas.

Matías: Cuando comenzamos a escuchar Extremoduro, ellos ya habían sacado La ley innata [álbum conceptual de una canción y seis partes, publicado en 2008].

Paio: Cuando armamos el proyecto, Extremoduro había desaparecido durante casi ocho años y, al poco tiempo, sacaron un disco de la nada, La ley innata, sin gira ni nada. Había un grandes éxitos llamado Éxitos y fracasos. Al Negro eso le encantó. Era la remasterización de temas viejos. Pero lo que pasó con la banda fue que se eligió Extremoduro por algunas guitarreadas de fogón con Cuatro Pesos que funcionaron muy bien. Tocábamos “So payaso”, alguna otra y mataban. De ahí fue surgiendo. Otra vez, en el verano de 2007, fuimos con el Gordo [Gastón Puentes] a acampar adentro del monte entre Valizas y Aguas Dulces. En las guitarreadas metíamos todos temas de Extremoduro y quedaba muy bueno. Nos fuimos copando. Pero te diría que a Extremoduro lo conocimos más en el proceso de armar Milongas Extremas que de antes.

Matías: Eso fue transversal. Pero me acuerdo de que cuando salió La ley innata dijimos: “¡Fah, esto no lo podemos hacer!”. Por un lado, era demasiado reciente, y por otro, no éramos capaces de tocarlo. Pero empezaron a leudar los arreglos que traía cada uno y cruzar una melodía de un tema con otro. Esa transversalidad pasaba en los ensayos.

Montevideo Portal | Javier Noceti

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¿En qué momento se baja del proyecto Gastón Puentes, guitarrista, compositor y también cantante de Cuatro Pesos de Propina?

Paio: Yo dejé los Cuatro Pesos en 2012, y él dejó Milongas también ese año.

Matías: Ese 2012 fue el año que sacamos el disco, y en la presentación sí hicimos, en la segunda tirada, toda la versión de La ley innata. Fue la primera vez que tocamos en un teatro.

Ese fue su debut en la Zitarrosa, la sala a la que regresan esta vez.

Camilo: Exacto. Esa primera Zitarrosa fue un escalón muy grande para nosotros y, sobre todo, para plantearnos cómo íbamos a seguir trabajando. Ahí tocamos todo el disco La ley innata de corrido, sin pausa, con todos los arreglos, y la sala estaba llena. Eso niveló las energías porque había que estar para algo…

Paio: Una vez los pibes de la Fernández Fierro me preguntaron: “¿Ustedes cuándo sacaron el disco?”, “en 2012”, y “¿por qué dicen que arrancaron en 2008?”. Sentimos que arrancamos desde mucho antes, a pesar de que en 2008 lo único que hicimos fue tocar cinco temas entre amigos, en el cumpleaños de mi compañera. [Risas.]

Federico: Lo que pasa es que de 2008 a 2012 tocamos muchísimas veces. Tocamos en la calle, en los boliches. Yo me acuerdo de que mi trabajo era ese. Tocábamos en el interior también. En Montevideo recorríamos: el Farolito, Bj, Apartados, todos los bares. En 2010, de hecho, fuimos incluso a Buenos Aires.

Camilo: Milongas Extremas es una banda que llega al primer disco siendo una recontra banda de en vivo. Habíamos tocado mucho y los arreglos venían de ahí.

La posibilidad de moverse sin fletes y cargar tan solo sus guitarras debe haberles otorgado mucha movilidad.

Paio: Mirá, un verano hicimos una gira por la costa de Rocha y fuimos todos en un Subarito. [Risas.] Entrábamos todos con los instrumentos y dormíamos en carpa.

Y luego del comienzo, ¿cuánto les posibilitó generar un público propio y cuánto los ató a la asociación de ese repertorio?

Paio: Hay algo de lo que me doy cuenta ahora. Si hubiéramos agarrado las canciones de una banda como Redonditos de Ricota o similar, que todos conociéramos mucho, nos hubiésemos sentido más atados. Pero con Extremoduro pasaba que alguno cantaba la canción y no la teníamos muy escuchada. Eso nos jugó a favor.

Camilo: Había cierta impunidad.

Paio: Las canciones claramente son de Extremoduro, pero nos adueñamos fuerte de ellas, incluso, además de arreglos, le inventamos riff. Nos animábamos a hacer una vueltita personal en cada tema.

Eso es seguramente lo que a Robe también le pareció auténtico.

Federico: Claro, sí. Lo que pasa es que cualquier artista que haga una versión seriamente debe ser así.

Matías: Es verdad que no era tan pagano como haber hecho temas de los Redondos. Ahí habría un muro muy grande para romper.

Federico: Nos pasaba que, en un toque, mucha gente a la que le gustaba Extremoduro venía y te decía que lo que hacíamos nosotros le gustaba más. Sobre la pregunta, era muy influyente. Cuando empezamos a hacer los temas nuestros no fue fácil, hubo que remar.

Camilo: Es como un juego donde hay dos directrices bien claras, por un lado, milonga rioplatense, y por otro Extremoduro. Eso genera unas reglas claras para jugar dentro, donde podés dar las mil y una voltereta. Que Robe le dé para adelante a la banda y que luego aliente el proceso compositivo propio de la banda es un montón; es como que hacés la tesis y se la entregás al decano.

Paio: A veces pasaba que venía uno con un tema y de repente solo dos de los cuatro conocían la canción. Se estaba aprendiendo en el momento. La situación en los Cuatro Pesos era bastante similar cuando llegaba Diego Rosberg con sus canciones.

Matías: Había una matriz de donde sacar cosas que no siempre la usábamos. A veces usábamos el riff de ahí, a veces de otros temas, y a veces inventábamos cosas. Armamos como una especie de molde donde las versiones de Extremoduro, que son en cuatro cuartos o seis octavos, nos permitía meterlas dentro de una milonga o una chamarrita.

Pero, además, tampoco tenían tan clara la estructura folclórica; las milongas las estaban también incorporando.

Matías: Claro, no éramos puristas; no lo somos. No éramos como los Ricacosa, que a su manera hacían canciones modernas, pero con una base muy fuerte. Ellos eran cultores del estilo, tenían claro cómo tocar. Hay varios grupos así de gente joven. Nosotros no íbamos por ese lado. Íbamos a ver dónde se cruzaban esas dos calles, la de la milonga y el rock español. Cuando logramos ese molde, comenzamos a poner otro jinete a ese caballito; poner las canciones nuestras que venían de distintos lados. Algunas venían de Los Roques, otras se hicieron nuevas, pero también estaban versiones de Zitarrosa.

Montevideo Portal | Javier Noceti

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Y hoy en día, ¿se sienten condicionados de vestir con esas mismas prendas el repertorio propio?

Matías: Creo que hubo muchas etapas. Al principio teníamos mucho miedo porque habíamos comenzado con el partido medio ganado. Tocábamos temas de Extremoduro, que está buenísimo y hacíamos buenos arreglos. Pero en los temas nuevos no sabíamos cómo iban a pegar.

Federico: Verlos a ellos, incluso arriba del escenario, fue tremendo. Ver el toque, la calidad de show, la prueba de sonido. Usaban teleprompter con los textos y el guion. Eso fue clave, porque desde entonces nos dio una piola para tirar. A partir de ahí comenzamos a armarnos un guion, a nuestra manera, claro.

Cuando Extremoduro viene por primera vez al Uruguay, en 2012, ustedes recién habían publicado su disco debut, en el que abundaban versiones de la banda de Plasencia.

Paio: Claro, hubo todo un momento cuando vino Extremoduro. Porque arrancamos en 2008 con una banda que no tocaba hacía años, pero en 2012 Extremoduro estaba tocando en el Teatro de Verano. Ese mismo año habíamos sacado el disco, porque la gente lo pedía. La cuestión es que lo presentamos en setiembre en la Zitarrosa y en diciembre venía Extremoduro. Verlos en vivo fue tremendo.

¿Es cierto que, tras verlos, alguno de ustedes pensó en disolver el proyecto de Milongas Extremas?

Paio: Y yo al menos sentí que no tenía mucho sentido lo que hacíamos. Estaba viniendo Extremoduro a Uruguay, ¡ta! Era una banda como Los Redondos que nunca salía de su país y, de repente, estaban viniendo a Montevideo. ¡Ya está! Y hubo un momento en que cada uno tuvo su proceso. Yo ahí me di cuenta de que no eran temas nuestros.

Federico: Nosotros ahí contactamos con Iñaki, que es, además de su guitarrista, productor. Le mostramos las versiones en un asado, se re copó y nosotros le comimos la oreja. [Risas.]

Paio: Esa vez lo conocimos, salimos a bolichear y hasta terminamos en un asado. Nos invitaron al show. A la siguiente visita, en 2014, es que nos invitan a tocar como teloneros, pero con la condición de hacer solo temas nuestros. De 2012 a 2014 hubo todo un proceso que fue: no podemos seguir haciendo temas de Extremoduro, tenemos que hacer temas nuestros.

Federico: En ese primer show yo les lleve un disco de Milongas Extremas y otro par de Zitarrosa. Ahí Robe nos preguntó: “¿Este es el de temas de ustedes? Yo quiero el que tiene vuestras canciones”.

Camilo: Lo hizo con cariño, pero fue una gran mojada de oreja.

Paio: Ese fue todo un proceso interno e individual, quizás hasta el día de hoy. Unos querían empezar a hacer temas nuestros y no tocar los de Extremoduro; otros querían igualmente seguir tocando los de Extremo. De todas maneras, hoy ya tenemos más de dos discos de temas propios y es más fácil dejar versiones afuera.

Y ¿qué cantidad o qué porcentaje de temas de Extremoduro están tocando hoy en día?

Paio: Tres o cuatro.

Camilo: El 90% son temas nuestros.

Todos: Depende del toque.

Camilo: Hay un quiebre enorme con relación a los temas propios, que es cuando ves a la gente cantando nuestras canciones. Porque mientras eran de Extremoduro, todo bien, pero luego hay un cambio en el público que empieza a apropiarse. Cuando vimos que el repertorio convivía bien, ya estaba.

Matías: Luego de conocerlos salieron al toque cuatro canciones. Pero, después, empezó a pintar la posibilidad de que Extremoduro regresara. Cuando nos confirmaron que venían en 2014, arrimamos siete más, de los cuales cinco tenían arreglos y otros dos estaba medio bartoleados. [Risas.]

O sea que Extremoduro volvió a ser un catalizador para ustedes.

Paio: Claro, la condición era que no podíamos tocar temas de ellos.

Federico: El primer tema que grabamos fue “Decime qué pensás”.

Cuando en 2012 los invitan al asado, ¿estaba Robe también?

Todos: No, no tuvimos mucha relación con él.

Paio: Conocimos a su hermano, su pareja, estuvimos un rato con él, pero no desarrollamos relación. Cuando nos vimos en el Teatro de Verano, metió buena onda y nos escuchó; hasta aparece en alguna foto mientras estábamos tocando. Pero en 2012, luego del toque, Iñaki se había quedado en Uruguay unos días con María, su compañera. A los días, nos mandó un mensaje diciendo que venía de Punta del Diablo y que nos quería conocer un poco más. Nos juntamos, nos conocimos, salimos de bares y esa noche le contamos que teníamos un asado planeado en la casa de Dipa —nuestro sonidista— en Solymar.

Matías: Habíamos usado todo el caché de un concierto para comprar un asado gigante. [Risas.]

Paio: Era como el cierre de año. Y nos dice: “Estoy yendo para ahí”. Increíble.

Matías: Después, cuando fuimos a España de gira, él fue a vernos a un toque. Es una máquina.

¿Viajar a Argentina con el repertorio de una banda como Extremoduro era una facilidad?

Paio: No mucho. En Argentina no se consume mucho Extremoduro. Acá hicieron un Teatro de Verano lleno y allá hicieron dos Flores, uno agotado y otro por la mitad.

Camilo: Hay una relación proporcional. En Buenos Aires parece como que se licúa el público de Extremoduro. Acá cantaban a los gritos sus temas.

Paio: Allá suena más Ska-P, pero no tanto La Polla o Extremoduro.

Camilo: Es una banda con un manto que hace recordar a Los Redondos; fueron muy locatarios y se movieron básicamente de boca en boca.

Después del disco de versiones comenzaron a hacer repertorio propio. ¿Cuán impregnados se sintieron de esa aureola estética de Extremoduro?

Federico: Seguir en el mismo formato era como vestir la misma ropa, claro. Podés hacer cosas distintas, pero no mucho. Seguimos tocando milongas, alguna con aires zamba; un rasguido doble en “Nene Patudo”, pero salvo algunos arreglos, no habíamos ampliado mucho el espectro. Hasta que grabamos El mismo cielo; ahí sí está el cambio.

Paio: Creo que lo que nos separó fue que los temas venían por nuestro lado. Lo distinto era la prosa en la canción.

Matías: Pero es cierto, está la influencia.

Federico: Yo creo que logramos despegarnos muy recientemente, con el último disco, cuando soltamos el formato de las guitarras. Ahí dijimos: “Vamos a grabar un disco con batería, bajo, percusión…”. Lo que importaba era que el disco creciera y nos salimos del formato.

¿Esa fue una búsqueda propia o una propuesta de Iñaki como productor?

Matías: Iñaki nos dijo: “Ya hicieron dos discos de guitarras que están buenísimos, podemos hacer un tercero diferente”. Obviamente tenía razón. Nosotros, hasta El mismo cielo, defendíamos el cuarteto. Creíamos que ahí estaba toda la data, las bases, las punteras…

Matías: Iñaki fue muy certero, nunca se imponía. Manejaba las energías de la banda.

Paio: Te llevaba muy bien.

Federico: Además de ser un bocho musicalmente, es tremendo tipo. Fuimos a grabar a su casa y nos quedábamos a un kilómetro. Le ranchamos en la casa todo el tiempo y él copado, con su familia, sus hijos, fue una convivencia hermosa. Hubo mucha entrega, mucha confianza. Nos llevamos mucho cariño.

Cuando cae la cortina de la pandemia y el aislamiento sanitario ustedes tenían aquella grabación a la que meterle cabeza; y, por otro lado, un formato bastante accesible para, aun con medidas sanitarias, poder tocar en distintos espacios. ¿Cómo lo vivieron?

Paio: El disco salió el 12 de junio de 2020.

Federico: Iñaki no estaba muy de acuerdo con eso.

Matías: Grabamos en 2019 y para principios del 20, Iñaki ya lo tenía pronto.

Paio: Es verdad que como grupo hicimos un proceso rapidísimo. En marzo ya habíamos ido por España, Argentina y tocamos abundante. Cuando íbamos a hacer un parate, justo cayó la pandemia. Luego queríamos seguir adelante y la pandemia cortó todo. Y sí, es cierto, fuimos de los pocos grupos que teníamos la opción por el formato de poder hacer fechas en plena pandemia. Porque hay que ver que la pandemia le dio un poquito de vida a algunos cantautores que, en el vivo chiquito, pudieron trabajar un poco. Muchos artistas, de hecho, crecieron un montón sin haber tocado: Wos, Nicky Nicole y otros fueron derecho a los estadios. Hubo un trabajo de pandemia a full. Nosotros hicimos un trabajo interno, de equipo, que permitió crecer.

Montevideo Portal | Javier Noceti

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Hablemos de algunas canciones de la banda. ¿Cuál es la historia de “Tibieza”?

Matías: “Tibieza” fue una de las canciones que fue para El mismo cielo. Para ese disco mandamos tres o cuatro cada uno e Iñaki armó la lista. Se fue armando por partes la letra; había versos viejos. Cuando empezamos la pinchada porque se venía el disco y había que tener data, y las fuimos toqueteando. La letra de “Tibieza” se cerró del todo en el estudio de Iñaki. Se está convirtiendo en un lugar interesante de la lista, porque es una canción cálida que convive en medio de todo el rockerío. Está junto a “El Incendio”, otra de las canciones del disco; generan una pequeña parada que está muy linda.

Paio: Para mí “Tibieza” es de los temas que más disfruto. Creo que es uno de los temas que la gente rescata. Se hizo para El mismo cielo, pero hay cosas que habían aparecido en Temprano, el disco anterior.

Matías: Es verdad, surgió de camino a un almacén, y esa melodía llegó a ser la melodía de la canción.

Y “Cuídame”, ¿cuál es su contexto?

Paio: “Cuídame” es una canción que dice: “Cuídame que el viento es tiempo, cuídame que el viento pega y a veces te puede romper”. Es una canción que yo tocaba hacía buen tiempo y le llamaba “La hernia”, porque hice esos versos y a la semana me hice una hernia umbilical tocando el saxo. [Risas.]

Camilo: Llegó a estar en lista de piso de escenario como “Hernia”, un nombre mucho menos encantador que “Cuídame”.

Santiago: La operamos y volvimos a operar.

Camilo: Tiene un tratamiento bastante bueno. En el disco fue una de las que Iñaki propuso como corte. El año pasado tomó una dimensión tremenda con La Triple Nelson. Tener a los tres nenes en el Sodre le dio una impronta rockera increíble.

Matías: En ese tema Iñaki hace un solo que es un fuego, irreproducible. Y dijimos: la única persona que puede estar ahí es Christian Cary. Cuando pasó eso en vivo, no lo podíamos creer.

Sin el repertorio de Extremoduro, ¿creen que sigue teniendo vigencia el nombre Milongas Extremas?

Federico: Creo que es afortunado el nombre, porque si bien refiere a Extremoduro, no es Milongas Extremoduro. Es llevar a la milonga, o lo que representa, a distintos extremos.

Camilo: Lo que pasa que es extremo. Si vos les ves las tapas de las guitarras a todos ellos, las tienen todas rayadas. Hay una cosa del sonido, de púa para abajo… Mati casi pinchó caja. El luthier de la banda se quiere matar. [Risas.]

Paio: Yo creo que hay dos canchas: la del vivo y del estudio. En vivo jugamos con el formato que somos, un cuarteto o quinteto de guitarras —ahora con la suma del Piquela—, y otra es en estudio. La facilidad que tienen las guitarras criollas es increíble y muy práctico. No es lo mismo ensayar todos como banda eléctrica. En el estudio tenés una libertad distinta. Ahí es donde tenemos una ruta a construir. El vivo lo tenemos muy claro, hemos tocado mucho.

Camilo: En Buenos Aires nos pasó de ver que el público hacía un pogo de remolino con el formato de guitarras. Es ese extremo del diálogo del cuerpo, a eso que es más folclórico de raíz rioplatense.

Además de haber tocado en bares y boliches o haber subido a escenarios célebres (Teatro Solís, Auditorio del Sodre o Sala Zitarrosa), Milongas Extremas participa activamente en manifestaciones sociales callejeras como por ejemplo el reclamo por la calidad del agua, “No es sequía es saqueo”. ¿Cuál es la actitud de la banda en esas instancias? ¿Es una decisión monolítica la de sumarse?

Matías: Hay una postura de apoyar manifestaciones pertinentes, que nos parece que están bien. Cada vez que aparece una, discutimos los pro y contra; son muchos y en muchos aspectos. Tocamos hace mucho tiempo y a donde vamos esperamos ya tener cierta calidad de sonido. Muchas veces eso entra en juego.

Camilo: También es bueno aprovechar que la banda tiene cierto arraigo en la escena para servir como amplificación en algunas reivindicaciones. La banda ya ha tocado por el agua años atrás, no es de ahora. Es una forma de usar la banda como herramienta de transformación política.

Santiago: El lineamiento es revisado continuamente. Después está en que todos podamos.

¿Y qué pasa con las consignas partidarias?

Paio: Bueno, eso es algo que en un principio tratábamos de escapar. La última vez nos invitaron y terminamos tocando, no en campaña sino en el aniversario de un sector político.

Santiago: Hace años tocamos también en el aniversario de la Juventud Comunista.

Camilo: Hay una vereda en la que transitamos políticamente, más allá de partidos. No lo ocultamos. Lo mejor es la identidad intelectual.

Paio: En campaña electoral, nos llamaron del MPP [Movimiento de Participación Popular] para actuar en 21 shows por todo el Uruguay. Era un toque en cada departamento y dos en Montevideo y Canelones, y dijimos que no. Renunciamos al dinero que eso prometía. La última vez, en el aniversario del Partido Comunista, sentimos ganas y fuimos. “A Alfredo le gustaría”, se escuchó como argumento. [Risas.] Y fuimos.

La relación con La Vela Puerca se ha dado desde un principio, imagino que en buena parte por vinculación afectiva que la banda tiene históricamente hacia Extromoduro. ¿Cómo se fue gestando, hasta llegar a viajar con ellos y ser invitados en la serie de conciertos en Argentina, en el Teatro de Flores?

Camilo: Antes que nada, yendo a mil toques a verlos. La primera vez que escuché un tema de Extremoduro fue en un Sporting de La Vela, un 24/12. Ellos también fueron un poco el link para nosotros de esa data.

Paio: Es verdad, pasaban temas de Extremoduro antes de los shows.

Camilo: El caldero de la escena del rock uruguayo. Nuestra adolescencia es a principio de los 2000. Ahí fue cuando más nos pegó La Vela. Saliendo de la escuela conocimos el Deskarado.

Santiago: Yo me aprendí el Deskarado en un viaje a Paysandú. Estaba en quinto de escuela.

Paio: La primera relación fue a partir de un mensaje que le mandé al Enano a ver si quería cantar un tema de Extremoduro para el primer disco. Me habían dicho: “Mirá que al Enano le dicen ‘Chancho enjabonado’, no lo agarra nadie. [Risas.] Le mandé un mensaje y al rato estábamos ensayando y llama. Concretamos y fue a grabar.

Santiago: Era 2011. Fue a grabar, se tomó dos barriles de birra y metió un tema y un recitado de otro. Después, para tocar en vivo, hasta el año pasado no lo pudimos agarrar nunca.

Federico: Nos dijo que no muchas veces. Luego nos invitaron al Teatro de Flores. Tocamos en tres teatros Flores con ellos. Ellos llevaban a una banda por vez.

Paio: El vínculo fuerte se dio a través del mánager de La Vela en Buenos Aires, Guillermo [recientemente fallecido]. Una vez que tocábamos allá, fue con un montón de amigos y luego empezó a ir a todos los shows. Empezamos a generar un vínculo y nos empezó a manejar allá. Él ayudó mucho a que el vínculo con la banda también se aceitara.

Santiago: Cuando grabamos el disco con Iñaki, La Vela estaba en España. El Enano le avisó a Paio que andaba por Bilbao y dijo: “Si están en lo de Iñaki, voy para ahí”.

Matías: El Enano es como un bondi que no sabés cuándo pasa; tenés que esperarlo en la parada siempre. [Risas.]

Paio: En el último disco, pasó por ahí y estuvo en la grabación. A la noche metimos además un asado con guitarreada.

Por Carlos Dopico
Carlos Dopico