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Música
Con su ruido, con su gente

El Centenario, La Vela Puerca y el reencuentro con una banda que “trasciende las modas"

El bajista Nicolás Lieutier y el guitarrista Rafael Di Bello conversaron con LatidoBEAT sobre el primer “toque grande” después de más de dos años.

29.03.2022 18:23

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2022-03-29T18:23:00
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Por Aníbal Falco

“Llenos de magia”, “Va a escampar”, “Zafar”, El viejo” y otra decena de hits que creó La Vela Puerca sonarán a todo volumen a partir de la hora 21 de este sábado en el Parque Batlle, en el primer recital masivo que brindará la banda uruguaya después de comenzada la pandemia.

Para eso, el escenario elegido fue el Estadio Centenario.  

Con un nuevo álbum por venir para mediados de este año, los integrantes de la banda Nicolás Mandril Lieutier (bajo) y Rafael Di Bello (guitarra) conversaron con Montevideo Portal sobre la “expectativa acumulada” de la banda para reencontrarse con el público uruguayo en un toque “grande” y “celebratorio” de que se vuelve y que “la parte negra que se pasó va quedando un poco atrás”.

Tras el parate obligado provocado por la pandemia, La Vela ya realizó shows en la Sala del Museo, La Trastienda y también en Buenos Aires.

Sin embargo, para los integrantes de una de las bandas de rock más reconocidas del país este recital, que en principio contará con 31 temas, y que incluirá dos del nuevo disco (La Pastilla ya fue difundido), es el primero masivo en Uruguay después de dos años porque sentían “que había que hacer un toque grande con el público uruguayo”.

¿Cómo se siente la previa al primer recital masivo tras el inicio de la pandemia?

Nicolas Lieutier: Hace ya dos años que no tocamos algo grande. Volvimos, pero queríamos volver suavecito. Empezamos a tocar en diciembre con toques chicos porque venía todo muy raro para arriesgarnos a hacer algo muy grande. Cuando llegó la hora de poner una fecha en setiembre para tocar en diciembre, todavía estaba la obligación de estar sentados. De hecho, estuvimos hace un año ensayando un acústico, pero estaba muy raro para nosotros. Empezamos a ensayar nuestros temas acústicos, sacamos las guitarras eléctricas y agarramos las acústicas. Empezamos a tocar los temas, pero era triste, nos íbamos tristes para nuestras casas. Al final la realidad se encargó de sacarnos la idea (cuando se dio una suba fuerte de casos covid-19). Cerramos todo y dijimos acústico chau. Este sería entonces el primer recital grande en Uruguay después de dos años. Creo que nunca habíamos pasado dos años sin tocar, por lo que hay una expectativa acumulada. En nosotros y supongo que también en la gente.

¿Sienten que luego de lo vivido por la pandemia hay más ganas de la gente de ir a recitales? ¿Una mayor ansiedad por parte del público?

NL: El efecto rebote como en economía -risas-.

¿Se demoró mucho el regreso?   

Rafael Di Bello: Tratamos de hacerlo de a poco, de no llevarnos esa sorpresa. No sé si por miedo o por ir probando de a poco. Pero ya sabiendo que los shows iban a ser con gente sentada era bastante desmotivador. Sobre todo, en los shows nuestros que es inevitable el feedback de la gente. Lo precisamos, porque somos una banda que en los shows tiene que tener una comunión con el público, si no, no funciona. Es algo del punk rock. Se necesita ese feedback sí o sí. Entonces, con toda esa incertidumbre, sumado a la gente sentada, nos preguntamos: ¿Qué va a pasar? ¿Cómo se va a vivir, vamos a tocar sentados? ¡Nooo! ¡Cómo vamos a tocar sentados! ¿Vas a tocar Llenos de magia y la gente no se va a parar?

NL: Era muy raro imaginarnos por ejemplo un Antel Arena con todos sentados. Por suerte, se dio todo natural el proceso y esperamos el momento adecuado para salir. Participamos de festivales en Argentina, pero sentimos que con el público uruguayo había que hacer un toque grande. Un reencuentro que también sea celebratorio de que se vuelve, de que la parte negra que pasamos va quedando un poco atrás.  

¿Cómo vivieron el tema del cambio de fecha?

RDB: Fue un problema entre la productora y la directiva del Estadio (CAFO). Nosotros nos enteramos estando de gira en Argentina, más te digo, leyendo justo Montevideo Portal. Ya venía medio enrabado el tema (por las suspensiones que se dieron para el recital de Jaime Roos), pero desde nuestro punto de vista lo más criticable de esto es como se manejó a través de los medios. Se tendría que haber manejado de forma interna y si había que cambiar la fecha se anunciaba: “Por diferentes factores se modificó la fecha”. Pero no hacer una cuestión mediática que marea a la gente.

NL: En un momento estaba nuestro nombre en el medio y no teníamos nada que ver.  

RDB: Se pudo haber evitado todo eso haciéndolo internamente. No había necesidad de salir a decir disparates, como que se iba a tocar en la cancha, cuando el escenario queda por fuera de la cancha. Pueden pasar cosas, pero se pudo manejar de otra manera. Resta pedir perdón a la gente que iba a ir el 19 de marzo y que ahora no puede ir.

¿Tocar en el Estadio Centenario es especial?

NL: Lo que más me gusta de tocar en el Estadio es que a la gente le encanta. Sienten algo especial y está bueno cuando vos le das a la gente un lugar donde vas a tocar que le guste ir. Cuando vas a un boliche que a la gente no le gusta te lo hace saber. La Vela y el Estadio es un programa que a la gente le cierra.  

Hay planes para un nuevo disco para la segunda mitad del año. ¿Cuántos temas se van a conocer en el recital? 

NL: Van dos temas del disco nuevo. El que salió (La Pastilla) y uno que no va a salir antes.

¿Por dónde va a ir el nuevo álbum?

RDB: Es un disco cancionero: estrofa, puente, estribillo, estrofa 2, puente, estribillo. No hay temas de cuatro o cinco minutos, tampoco. El tema que salió (La Pastilla) es bastante representativo, con una línea de bajo que es repetitiva.   

¿Se va a mantener ese estilo si se puede decir tradicional en las letras de La Vela Puerca, que tienenn contenido político y filosófico, pero sin ser explícito en lo que se quiere decir?

RDF: Es político, pero sin bandera. No es partidario.

NL: Justamente el otro tema que vamos a tocar habla de los líos que hubo en Colombia, que de ahí se inspiró El Enano para escribir la letra de “Jugando con fuego”. Las letras del disco van por ahí, tratando de hablar de cosas importantes. Cuando empezamos con la banda, yo que no sé inglés, escuchaba música en inglés sin entender la mayoría de las letras que escuchaba. Para mí la música es importantísima, vale por sí sola. Pero cuando empezamos con la banda El Enano decía: “Sí, la música es importantísima, pero acá lo más importante es la letra. Tenemos que tener esta banda para decir cosas importantes”. Eso lo mantiene hasta el día de hoy y se toma muy en serio lo que escribe.

RDB: A mí lo que me pasa es que no deja de sorprenderte con la letra. Quizás no con el 100%, pero en alguna canción siempre encontrás alguna frase o algo que te la mete en el ángulo.

¿Cómo fue como banda vivir estos dos años de pandemia, sin poder tocar, que además tuvo su impacto en lo económico?

RDB: La parte económica fue algo inevitable, lo sufrimos todos. El que tenía mucho y el que no tenía nada peor todavía. Cada uno se manejó como pudo. Más allá de eso, la parte humana y artística la sacamos a flote. Compartiendo también. Hicimos una cantidad de streaming con invitados. Tratamos de generar algo en este espacio (la banda posee una casa con un estudio propio en el barrio Palermo) que es nuestro. No cerramos la puerta, nos fuimos y dijimos: “Bueno, nos vemos cuando podamos”. Fueron dos años de descanso sin tocar en vivo, sin girar, pero fueron dos años dándole en otro formato y desestresados. Con otras tensiones, obviamente, como la incertidumbre.

NL: Esta casa fue un oasis. Después de los dos primeros meses acá llevábamos vida normal.

Cuando comienzan con la banda (1995) era una época en que en Uruguay era mucho más difícil vivir o pensar en vivir como profesional de la música. ¿Cuándo se dan cuenta que podían hacerlo?

RDB: Fue muy de a poco, muy gradual. Yo la primera vez que viajé, que salí de Uruguay, fue con La Vela. A tocar a Buenos Aires, con 18 años. Creo que todos la vivimos bastante inconscientes a esas primeras etapas. No te dabas cuenta de que estábamos en realidad desembarcando en Argentina. Y no teníamos antecedentes. No teníamos a quién preguntarle: ¿Qué hacemos en Argentina? ¿Dónde podemos tocar? ¿Qué hay que hacer, qué no hay que hacer?

NL: Cuando llegamos a Argentina conocimos a un amigo que tenía un bar allá, el salón Pueyrredón. Con las entradas pagábamos los pasajes y dormíamos ahí, algunos en el propio escenario. Lo hicimos nuestra casa. Después empezamos a ir bastante seguido, empezamos a empatar (económicamente), después a ganar unos pesos. La mayoría de nosotros estudiábamos o laburábamos. En realidad no se pudo dejar el laburo hasta que esto dio unos pesos. Fue por el año 1999 más o menos, cuando ya había salido el primer disco. Fue cuando empezamos a ir al interior uruguayo, antes de Buenos Aires. Ahí empezamos a poder laburar todos los fines de semanas. Con los toques se agarraba unos mangos y el disco se estaba vendiendo bien. Aparece (Gustavo) Santaolalla a interesarse por nosotros y con la intención de hacer el segundo disco. Ahí nos dimos cuenta de que había un reconocimiento. Lo mismo me ocurrió con las letras de El Enano. Me pasó que empecé a tenerle fe cuando todo el mundo me empezó a decir que eran muy buenas sus letras. Yo no me daba cuenta. ¿Cómo que eran tan buenas si era mi amigo? Fue el exterior y el feedback que nos dijo que la música estaba buena, que las letras estaban buenas. “Sigan, denle para adelante”. Y  cuando viene Santaolalla empiezas a creer en lo que estás haciendo.

¿El boom en Argentina cuándo se da? 

NL: Fue con el tercer disco, A Contraluz. Ahí fue cuando empezamos a hacer toques grandes.

¿Después de más de 20 años, hay una preocupación en la banda de que haya un público, o una generación, a la que no se pueda llegar? ¿Qué no se pueda mantener la vigencia?

RDB: Es un miedo que siempre tuvimos de que nuestro público no envejezca con nosotros, sino que se renueve. Y yo lo que creo es que la música de La Vela trasciende las modas. Creo que por más que haya modas en la juventud, la música de La Vela trasciende esas modas. Nos encontramos con público quinceañero, veinteañero y también de nuestra generación, de 45 para arriba. Tenemos una gama bastante amplia. Hay gente joven que se engancha con cosas de La Vela, padres con hijos que se enganchan con cosas de La Vela. Eso son cosas que están buenísimas, porque quiere decir que trascendió dos generaciones.

También han cambiado la forma en los consumos de la música desde que empezaron. ¿Y la forma de trabajar?

RDB: Te tenés que adaptar. Ahora no puede salir el corte si no está el video. Es una condición sine qua non. Al punto que me preguntó que sentido tiene hoy sacar una cosa física. ¿Por nostalgia? ¿Por qué?

NL: Y nosotros somos bastantes dinosaurios en ese sentido. Ni yo ni Rafa tenemos redes sociales, por ejemplo. Además, cambió el concepto de disco, de hacer un disco. La gente hace de a un tema. Lo que pasa que nosotros somos fans del disco y queremos rescatar esa obra que dura una hora. Yo cuando salgo a correr o me pongo a cocinar me pongo un disco. Con el orden (de los temas) uno hace una parábola de emociones. Lo discutimos bastante el orden.  

Hubo un período en que durante los toques de la banda El Enano perdía fuerza en su voz en algún punto del recital ¿Cómo se resolvió o trató ese tema en la banda? ¿Llevó a que el Cebolla adquiriera mayor protagonismo para darle descanso?

NL: Sí, el Cebolla comenzó a tomar mayor protagonismo y (El Enano) a bajar algún tema de tono. En realidad, tampoco lo conversamos mucho, porque cada uno sabe dónde le aprieta el zapato. Somos amigos y no estamos para ponerle un revólver en la cabeza a nadie. Después, él solo empezó a andar mejor. Anda bárbaro ahora. También se vincula a etapas de la vida. Cómo andes vos en tu vida es como vas a responder después en el escenario. En lo emocional, me refiero. Viéndolo a la distancia, seguramente cuando no andaba tan bien de la voz no le estaba yendo tan bien en otras cosas. En su vida personal. Eso repercute después en tu laburo.

RDB: Hay que sumar los años de rolar, la intensidad que le pone. Hay que estar ahí parado, enfrente a un micrófono y convencer al que está adelante de lo que estoy cantando. Lo que estoy transmitiendo. Va con lo físico, con la voz. Es casi inevitable zafar de gritar y que se te vaya la moto en el primer o segundo tema. Y si se te fue la moto, perdiste. En diciembre hicimos seis shows en Buenos Aires y del primer al último show arrancó con voz y terminó con voz. A mí me sorprendió e incluso fui y lo felicité. Es una actitud de él y es como dice él, que cada uno se da cuenta cuando aprieta el zapato. Cuando él se pone en una postura, si quiere cantar canta.

Mauricio Rodriguez

Mauricio Rodriguez

Mauricio Rodriguez

Mauricio Rodriguez

Por Aníbal Falco


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