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Contenido creado por Manuel Serra
Literatura
Humo sólido

La medianoche que cruzó a Lautréamont y Arenas con una “rocola fantasmal” llamada Galeano

Entre ginebra, café y las tinieblas de un bar, el Conde y el gordo fueron testigos de las diatribas de un escritor con ribetes de androide.

06.04.2022 13:45

Lectura: 3'

2022-04-06T13:45:00-03:00
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Por Jorge Alastra
jorge1963.azar

Medianoche. Un bar en tinieblas y en una mesa, en el fondo, tres figuras, difusas, comparten su porción de noche. Ginebra, café en pocillo y coca láij.  Lautréamont, Galeano y el gordo Arenas se resisten a caer.

"Cuando los pobres sean mayoría absoluta, no habrá esclavitud porque no habrá quién los explote..." La letanía de Galeano, en dieciséis revoluciones, se empina sobre los artefactos, sobre la niebla que entra a raudales, sobre la cara húmeda de los acompañantes. "Y el minero chileno me dijo: no bajamos al abismo en la mina, bajamos al cielo de los pobres. Es lo que Dios nos dio en el reparto".

El Conde no tiene rostro, besa la copa como si sintiera una repentina piedad. Arenas tiene la cabeza entre las manos, húmedas, calientes, y sangra profusamente una bestial inercia. La voz, pastosa y grave de Galeano, continúa su ruta de rocola fantasmal y bien podría ser la de una canción pasada de moda. En un momento, intempestivamente, el Conde saca sus garras y las hunde en los ojos del escritor que se echa para atrás sin un quejido. Las esferas azuladas caen al suelo y se desparraman como perdigones, sin rastros de sangre y quedan abiertas las cuencas oscuras y cavernosas.

Arenas se incorpora rápidamente y sostiene al escritor desde atrás, cuyo cuerpo tambaleante insiste: "La india vieja me dijo queee", "la india vieja me dijo queee", como en loop. Las chispas estallan multicolores, una descarga, otra chispa y la voz ralentada se muere para siempre.

Arenas se queda con la cabeza de Galeano entre las manos que es de un material sintético y, por debajo, se abre en una maraña de circuitos. El Conde empina la copa y se limpia los labios con la manga del saco. Arenas transpira, mira al Conde que no tiene rostro, no tiene aureola y no es más que un parroquiano empeñado en que llegue la mañana siguiente.

*Jorge Alastra (1963) crea textos poéticos que se sustentan en hechos reales que luego son atravesados por lo ficcional. Lo poético y lo onírico están presentes en estos microrrelatos que pretenden crear una realidad alternativa o una posible explicación a los hechos convocados. Si nada es lo que parece, seguramente, cualquiera de estos textos puede ser tan verosímil como la desnuda realidad de los hechos.

Por Jorge Alastra
jorge1963.azar