Allí con él ya no queda nadie. Cuando faltó media hora para salir al escenario, pidió, con amabilidad, que se retiraran todos. Luego de un silencio, lo hicieron, enfilaron hacia afuera. Ahora se encuentra solo, parado frente al perchero. Cuelgan cinco camperas de cuero bordadas a mano, cada una diferente a la anterior.

Las mira. Acerca su brazo y termina tocando las costuras en los hombros de la primera. Los hilos son rojos y el cuero negro. Dominan los arabescos y las flores primaverales. Continúa hacia la siguiente, de hilos dorados y cuero marrón oscuro, hacia la otra, de hilo blanco y cuero gris, hacia la que sigue, de hilo verde y marrón claro, y hacia la última, la más escandalosa.

Nunca se la ha puesto para tocar y sabe que hoy, seguramente, sea el día indicado. Lo sabe porque respira lento, porque la decisión no lo agobia, porque el pulso no le tiembla. Deja la mano apoyada sobre el quinto hombro y de pronto lo impulsa hacia abajo. Lo tira y se zafa de la percha. Ataja a la campera del brazo y con velocidad se la coloca en los hombros. Cae y se convierte en una catarata que no explota. Cae recta y sin fondo.

Frente al espejo se acomoda, se estira las mangas. Y no ceden porque el cuero es duro y el cuerpo también lo es. Mientras que se mira las muñecas, que están apenas cubiertas, divisa sobre la mesa del espejo un lápiz negro. Mantiene la mirada unos segundos, considerándolo. Y lo acepta como siguiente paso de preparación.

A milímetros de su propio reflejo se sostiene las pestañas hacia abajo y se repasa el ojo derecho con el lápiz. Va dejando un rastro negro que se derrite apenas con las lágrimas de sequía. Luego, el otro ojo. Siente que la marca es muy potente, así que desinflama el negro pasándose los dedos por allí. Se difumina y la oscuridad es menos grave. Es, más bien, musical.

Escucha tres toques sobre la puerta y sabe. Sabe que es hora de salir y sonríe, como un gato, frente a sí mismo.

Cruza la habitación y camina por un corredor donde retumba el taco de sus botas. A medida que avanza, siente los aplausos cada vez más intensos. Y cada vez más. Decide no mirar al público hasta que esté sentado sobre el banco y con la guitarra sobre las rodillas. Empiezan a aparecer los gritos mientras que acomoda el micrófono. Se coloca la correa, se apoya y mira.

El silencio, de pronto, lo invade.

El público es inexistente.

Las entradas vendidas son nulas.

Hace un gesto con sus labios que contienen un poco de angustia, un poco de culpa, un poco de autocastigo. Se lo dice a sí mismo, aunque ya se lo ha dicho en más de una ocasión: los conciertos en blanco y negro no venden, para qué insistir.

A 50 años del disco Transformer, el hombre que salió al escenario con campera de cuero y delineador negro podría haber sido Lou Reed, pero no lo es. Ese disco, producido por David Bowie y Mick Ronson, tiene un primer single, “Walk on the Wild Side”, que se transformó en uno de los hits del artista. Lo elevó del status de culto underground a la música internacional.

“Cuando le mostré a Lou las hojas de contactos, se concentró en la toma del transformador. Yo mismo hice la impresión, como solía hacer en esos días. La primera prueba que hice quedó fuera de foco en la exposición. A Lou le encantó el resultado. Me tomó doce intentos reproducir este accidente para la impresión final más grande para la portada del álbum”, escribió Mick Rock sobre esta imagen, que luego se convertiría en la tapa del disco.

Foto: The Music Photo Gallery / Mick Rock

Foto: The Music Photo Gallery / Mick Rock

Capturada por Rock en 1972, Reed la seleccionó y se transformó en una imagen icónica del artista.

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The Music Photo Gallery es una galería con base en Nueva York que cuenta con el derecho de las fotos más icónicas —la de Bowie, una de ellas— de la historia del rock. Las que toda la vida vimos en revistas: bueno, esas. Y por primera vez presenta una muestra colectiva en Uruguay. El lugar es el Club Cultural PIONERO (ruta 10, kilómetro 177,5), esa hermosa iglesia del rock and roll que esconde el balneario de Santa Mónica en Maldonado.

Todas las fotografías de la exhibición estarán disponibles para la venta en forma exclusiva para Uruguay y podrán adquirirse a través de la página oficial del lugar y de la galería en MusicPhoto.net. Este 20 de diciembre se realizó el lanzamiento de la muestra, que permanecerá todo el verano en el club. Todas las semanas publicaremos en LatidoBEAT la historia de las diferentes fotos con las que uno puede deslumbrarse.