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Contenido creado por Federica Bordaberry
Historias
Blast from the past

Nikola Jokic y la máquina del tiempo: un apocalíptico en la era de la hiperconectividad

Anatomía de un crack analógico que domina la NBA sin estar hecho para el show y sueña con vivir sin teléfono, lejos de los focos mediáticos.

01.03.2024 15:17

Lectura: 9'

2024-03-01T15:17:00-03:00
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Por Sebastián Chittadini

Pocos meses después de ganar el campeonato de la NBA de la temporada 2022 - 2023, al plantel de los Denver Nuggets les plantearon una consigna: ¿qué harían si tuvieran la posibilidad de usar la máquina del tiempo?

Algunas de las respuestas fueron bastante interesantes. Viajar a los tiempos de Jesús para conocerlo en persona, a Esparta para ser uno de los 300 y pelear junto a Leónidas, a la década de los 80 por la música o 500 años hacia adelante para ver los avances científicos y tecnológicos de la humanidad. Nikola Jokic, la estrella del equipo y uno de los mejores jugadores de la liga, fue bastante más terrenal.

Sin dudarlo, expresó que volvería a cuando no existían los vídeos, los teléfonos y las redes sociales, solo para ver a la gente relacionándose entre sí. Paradójicamente, su respuesta en video se hizo viral en las redes sociales a través de los teléfonos de millones de personas alrededor del mundo.

Hoy, cualquier día de Jokic en la NBA es una oportunidad para que el mundo entero vea en directo el dominio que ejerce dentro de una cancha de básquetbol a partir de su versatilidad y talento basado en la simpleza de los fundamentos del deporte. Pero cuando los Nuggets seleccionaron al pivot serbio en el Draft de la NBA de 2014, nadie lo vio en la transmisión televisiva en directo.

El anuncio del Pick número 41 justo sucedió durante una pausa y apenas quedó registrado en un zócalo escueto con el nombre del jugador y el equipo al que pasaban en propiedad sus derechos. Mientras el que un día sería el único MVP de la historia de la NBA elegido en la Segunda Ronda del sorteo, era anunciado, los televidentes veían en sus pantallas un comercial de la cadena de restaurantes de comida rápida Taco Bell.

A nadie le importa demasiado el Pick 41, esa es la realidad. Debe ser por eso que él ni siquiera estaba ahí y solo se encontraba representado en la ceremonia por uno de sus hermanos. No hay registros suyos posando con una gorra del equipo y estrechando la mano del comisionado Adam Silver, porque eso nunca ocurrió. En Estados Unidos, nadie le conocía la cara al jugador que en ese momento dormía a 7.000 kilómetros de Nueva York y casi una década después les daría a los Denver Nuggets el primer título de su historia. Si nadie lo vio suceder, ¿sucedió?

Foto: All-Pro Reels (2020)

Foto: All-Pro Reels (2020)

En aquel momento, es hasta probable que muchos fanáticos de los Denver Nuggets hayan dudado de la existencia de ese misterioso jugador europeo en el que habían decidido invertir una selección de segunda ronda, por aquello del “ver para creer”. Como alguna vez postuló el investigador italiano Giovanni Sartori; con la televisión y luego con Internet, el Homo Sapiens –producto de la cultura escrita–  se ha ido transformando en un Homo Videns, para el que las imágenes cobran mayor sentido y valor que lo escrito o hablado. 

Como si tuviera a su disposición la máquina del tiempo, el que en 2024 es uno de los reyes de la NBA, es un hombre tan normal que se casó con su novia de toda la vida en una ceremonia íntima en su Serbia natal, a la que no invitó a ningún compañero de equipo. Que no tiene tatuajes ni redes sociales, que casi no revisa su celular y cree que la única gente que importa son los amigos y la familia. Este Homo Sapiens nacido en una ciudad de poco más de 50 mil habitantes, que es tal vez el mejor del mundo en algo que ve solo como su trabajo, disfruta más las carreras de caballos y andar en carreta que jugar al básquetbol. ¿Más datos? Recibió su segundo premio como el mejor jugador de la NBA en una granja de caballos en Serbia.   

Blast from the Past, titulada Buscando a Eva en España y Argentina, y Mi novio atómico en otros países de Hispanoamérica, es una película estadounidense de comedia romántica de 1998, dirigida por Hugh Wilson y protagonizada por Brendan Fraser y Alicia Silverstone. La historia cuenta que un científico paranoico y su esposa construyen un refugio anti guerra nuclear en 1962, en plena crisis de los misiles en Cuba, donde nace su hijo y ellos viven 35 años mientras todos sus vecinos los dan por muertos. Un día, ese niño sale a la superficie convertido en hombre y tratando de adaptarse a la vida de 1997 con sus modales de los años 60.

Algo similar ocurre con Jokic.

Ya con un anillo de campeón y dos premios MVP sobre sus espaldas, Nikola Jokic sigue jugando como un profesional venido de una época en la que la capacidad atlética no era lo más importante. No le gusta participar del All Star Game y tampoco se siente demasiado cómodo frente a las cámaras y los micrófonos. En una era en la que los jugadores y ex jugadores cambiaron un paradigma comunicacional haciendo sus propios podcasts, él rechaza cualquier invitación a participar como invitado. Hoy, aun con un anillo de campeón y dos MVP sobre las espaldas, prefiere pasar desapercibido. Como en aquella ceremonia del Draft.

Su nombre es constantemente mencionado en las conversaciones sobre los mejores jugadores de la actualidad, incluso se empieza a hablar sobre cuál será su lugar entre los mejores de la historia. A él, nada de eso parece importarle demasiado. No persigue el MVP por sobre los logros colectivos, pero partido a partido demuestra un dominio total del juego y hace ganar a su equipo. De este tiempo futurista, apenas aprovecha las pantallas para jugar al FIFA y ver carreras de caballos cuando no puede verlas in situ. Tal vez no sepa sobre la existencia y obra del escritor y periodista argentino Sergio Sinay, pero está convencido de que las nuevas tecnologías de información y comunicación nos conectan, pero no nos comunican. Por eso, no tiene redes oficiales ni cuentas verificadas.

Jokic tira sobre Nikola Vucevic en un partido contra Orlando Magic en marzo de 2021 - Foto: Jose Garcia

Jokic tira sobre Nikola Vucevic en un partido contra Orlando Magic en marzo de 2021 - Foto: Jose Garcia

Para compensar el raro carácter analógico de su jugador favorito, los fanáticos lo llenaron de fan pages en Instagram. Algunas, arañan el millón de seguidores. Mientras LeBron James utiliza sus redes para marcar posición sobre temas raciales o políticos, Joel Embiid promociona marcas y Damian Lillard exhibe su vida familiar, Nikola Jokic dice que va a apagar el celular cuando ve la cantidad de mensajes que le llegan después de convertirse en campeón de la NBA. Odia las luces y ser protagonista.

En este mundo del que parece ir a contramano, se encontró con Michael Malone, un entrenador que lo entiende como nadie dentro de la cancha y también fuera. El único técnico que ha tenido en la NBA odia que los jugadores se desesperen por sacarse fotos y publicarlas en las redes sociales, algo que jamás vio hacer a su estrella.

En una excepcional conversación en el podcast de su compañero de equipo Michael Porter Jr., de la que no hubiese aceptado participar si no se tratara de alguien a quien ve todos los días, se vistió de Umberto Eco y dejó clara su postura respecto al papel de los medios. Como el famoso semiólogo italiano hizo en 1964 con Apocalípticos e integrados, Jokic analizó el fenómeno de la cultura de masas desde su propia experiencia.

Dijo que los medios son algo con lo que los deportistas profesionales deben coexistir, que es consciente de que les pagan gracias a los medios y por ser populares, pero que a él no le gusta para nada la fama. Agregó que considera muy triste que la gente saque sus teléfonos para grabarlo, como triste es esa parte de la vida de la gente famosa. Un claro enfoque apocalíptico respecto a la sociedad en la que nos toca vivir.  

Quizás nunca leyó al historiador israelí Yuval Noah Harari preguntándose si el Homo Sapiens es capaz de dar sentido al mundo que ha creado, pero es muy probable que no quiera que la autoridad se concentre en los algoritmos de macrodatos y sí lo haga en las personas capaces de disfrutar de una comida en familia en un restaurante sin que otros seres sientan la necesidad de filmarlos por el solo hecho de ser famosos.

Al pensar en el futuro, el que le espera cuando ya no sea jugador de básquetbol, le gusta imaginárselo sin teléfono. Con esa habilidad que tiene para manejar los tiempos de lo que sucede dentro de una cancha, cree poder transformar al futuro en pasado y sueña con volver a ser anónimo. La maravilla serbia capaz de conseguir un triple doble –más de 10 puntos, rebotes y asistencias– en cada partido odia la vida que conlleva ser uno de los mejores jugadores de la historia. 

Jokic defendiendo a Kevin Durant en los Juegos Olímpicos de Verano de 2016 en Río de Janeiro - Foto: Sander van Ginkel

Jokic defendiendo a Kevin Durant en los Juegos Olímpicos de Verano de 2016 en Río de Janeiro - Foto: Sander van Ginkel

Sin embargo, pese a los pronósticos pesimistas, incluso de parte del propio involucrado, el mundo analógico parece tomarse revancha en tiempos de avances tecnológicos que hacen dudar de los límites entre realidad y ficción. Jokic, su juego en el que la técnica prima sobre el físico y su manera de entender la vida son como los vinilos repuntando en ventas o la resistencia del libro en papel en tiempos de plataformas.

Lo tangible del objeto físico sigue importando. Aunque parezca que lo habitual es un vestuario de la NBA o en cualquier reunión familiar sea la ausencia de dialogo y la predominancia de los celulares, el hombre que no utilizaría la máquina del tiempo para otra cosa que no fuera volver a la esencia de las relaciones humanas puede revolucionar las redes sociales sin tener el más mínimo interés en ellas. Parece uno de esos Chuck Norris Facts populares en Internet hace unos años, de los que no debe conocer la existencia.  

Por Sebastián Chittadini