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Contenido creado por Federica Bordaberry
Literatura
Deconstrucción y destrucción

Trans-poesía: el acceso a un mundo de ella, para ella, siendo un él

Todo esto es una propuesta a construir, sobre tierra pelada, el arte que viene luego, el post.

23.06.2022 11:04

Lectura: 5'

2022-06-23T11:04:00
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Por Bruno Guerra
brunogdarriulat

Hace unas semanas, una amiga me envió el manuscrito de su segundo libro de poesía, próximo a lanzarse. A mí, aunque no parezca, hay cosas que me gusta tomarme muy en serio, así que ya voy por la quinta lectura. Estoy completamente sumido, intentando desmenuzar el articulado perfecto de un universo completamente femenino y que no solamente se distingue por tenerla a “ella” como narradora genérica (englobando en esté artículo todos los géneros como siempre lo ha hecho “él”), sino también por tener pasajes de experiencias que entendemos internas de la feminidad. Es decir, la narradora “ella” le habla a la lectora “ella” de asuntos que presuponen son exclusivos de “ella”, pero no lo son, porque es, justamente, la escritura (en este caso) la que abre las puertas de ingreso a la identificación mediante un cuerpo, forma o voz y una manera de sentir el mundo a través de un ojo impropio para un varón. Exactamente, la forma inversa a la literatura convencional (por decirle de alguna manera), en la mayoría de los casos.

Este fenómeno no es nuevo, nadie aquí está descubriendo la pólvora. Mucho se ha hablado del lenguaje inclusivo. De hecho, también se ha escrito y publicado en inclusivo. Recomiendo, en este punto, al coterráneo Pablo García, autor de “Humedxs y reventadxs”, y sus poemas que además de estar en inclusivo, se enmarcan en nuestra idiosincrasia. Lejos de ser esto un “sin embargo”, es un gran punto de referencia desde dónde abrir a otras identidades. Es un libro con paisajes y sentimientos uruguayos que son de fácil reproducción para cualquiera.

Las narradoras que se imponen desde el femenino tampoco son nuevas. Desde la voz imponente de Susan Sontag y sus “Estilos Radicales”, publicados en 1969, pero nacidos mucho antes. Desde que Monique Wittig, en 1973, puso sobre la mesa “El cuerpo lesbiano”. Luego de que Judith Butler golpeara con “El género en disputa”, de 1990. Sumando a Patrizia Violi, autora de “El infinito singular” publicado en 1991, y una infinidad de autoras (que se me escapan por hijo sano del patriarcado) defendiéndose como disidencia ante “él” como narrador dominante. El tablero, sin duda, se ha movido (y sospecho que ya estaba tambaleándose), y quién decida perderse de estas experiencias por pensarlas lejanas a su identidad solo estaría pecando de ignorante o resentido, siendo que la literatura siempre se ha puesto lejana, más allá del género de la voz narradora. Son los movimientos colectivos que construyen a la identidad individual y no al revés. Ningún cuestionamiento ajeno al grupo ha movido un peón o un insignificante pelo en la historia del arte.

Julieta Troielli, mi amiga, casi al empezar, al inicio de su manuscrito, escogió un título que me sacudió de entrada: “Somos todas iguales y nos suceden las mismas cosas”, donde básicamente narra cómo deja desnudar su vulnerabilidad ante una muchacha de atención al consumidor, quién por ser “ella” la entiende y se desnuda de igual forma.

Hay algo aquí que me resulta incluso más interesante y es que, claro está, decir “somos todas iguales y nos suceden las mismas cosas” es mentira. Y es, justamente, esa generalización (que yo creo más que provocativa), una invitación de acceso a ese mundo, a esas vidas, que pueden ser las de cualquiera se llame ella, él, lo, la, o Carlos, pero que en “ella”, implícitamente, contiene una postura política contracorriente con algunas formas clásicas, formas que me encantan, tanto para leer como para hacerlas mierda y limpiarme el culo.

Todo esto es una propuesta a construir, sobre tierra pelada, el arte que viene luego, el post.

Todos los fenómenos después de la deconstrucción o de la destrucción sólo pueden darse bajo la experiencia de lo trans, así es que tenemos, (como dijo Jean Baudrillard en “La transparencia del mal: ensayo sobre los fenómenos extremos”, publicado en 1990), la trans política, la trans economía, la trans identidad o lo trans identitario y a mí me gustaría hacer aquí el humilde aporte de la trans poesía, que sucede cuando yo (él) Bruno (torpe escritor en Beat) me muevo fácil entre las letras de experiencias que desconozco pero aún así me generan rimas internas a través del personaje (ella) Luciana (la chica de atención al cliente en el relato de Julieta).

Hay otra gran virtud en todo esto y es que, sin hacer alusión directa, sin parecer quererlo, increpa al lector corriente, lo cambia de lugar, lo convierte en un trans lector, lo quita de la poesía y lo pone en circulación de un mundo (el suyo, porque el lector completa la obra) desde una nueva perspectiva construida por saturación.

Invito a leer a Julieta Troielli, quien puso todo esto ante mí para que yo los pusiera ante ustedes. Sin ella, esta irrupción era imposible. A mí ahora me toca descansar una semana mientras pienso el siguiente tema y, antes de ir a dormir, o al iniciar el día, voy a intentar clavarme un par de deconstruiditas a ver si aprendo algo.

Por Bruno Guerra
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